miércoles, 2 de enero de 2008

La huelga: Un arma para la redistribución de la renta social

La huelga: Un arma para la redistribución de la renta social


Lluís Rodríguez Algans.*


En este artículo nos referimos a aquellos aspectos de fondo vinculados con el tema económico, sobre todo en lo referente a los objetivos de la mayoría de las huelgas, que son la mejora de los salarios, la mejor distribución primaria de la renta, la conquista de beneficios sociales y la distribución salarios-beneficios empresariales.

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Para analizar y justificar la necesidad del uso de la huelga para la redistribución de la renta daremos primero tres visiones del funcionamiento del mercado laboral, del salario y de otro factor que tiene relación con el nivel de salarios: La ocupación (o, visto desde otro punto de vista, el paro). Hablaremos también de las diferencias entre salario real y salario relativo, para acabar mostrando algunos datos sobre la evolución de las huelgas en el estado español y la distribución de la renta, cada vez más favorable a los capitalistas.



El mercado de trabajo en las diferentes escuelas de pensamiento económico.

Si repasamos brevemente la teoría económica neoclásica del mercado de trabajo (el enfoque liberal, el de los empresarios), plantea el mercado de trabajo como un mercado típico de oferta y demanda con un punto de equilibrio donde se determina el salario real y el nivel de ocupación. Este enfoque determina a dos grandes enemigos: estado y sindicatos. Acusa a los sindicatos de ejercer un monopolio en la oferta de trabajo y de provocar rigidez juntamente con el estado (salario mínimo, convenios colectivos) que, según ellos, provocan paro y salarios excesivos. La receta, que es la que se aplica actualmente en las sociedades capitalistas como la española, lógicamente va en la línea de disminuir el poder de los sindicatos y desregular el mercado de trabajo.

Por otro lado, la teoría keynesiana plantea que el mercado de trabajo es igual que el propuesto por la teoría neoclásica, pero en este caso la cantidad de trabajo se determina en el mercado de bienes (oferta y demanda agregadas) siendo dado el salario. Según Keynes el mercado de trabajo no se puede estudiar separado de otros mercados (mercados de bienes y de dinero). Para Keynes no son los elevados salarios los causantes del paro, sino la insuficiencia de demanda agregada (consumo privado, consumo público y sobre todo el componente más volátil, que es la inversión de los empresarios). Por lo tanto, es necesario que los empresarios tengan perspectivas de inversión y beneficios para que contraten trabajadores. Como receta plantea que no es bueno bajar salarios porque a largo plazo hace que disminuya el consumo y por lo tanto los beneficios, pero tampoco es bueno subirlos porque se pierden beneficios que se podrían utilizar para reinvertir. Las recetas keynesianas se aplicaron entre 1930 y 1980 aproximadamente. Ambas teorías, tanto la neoclásica como la keynesiana, creen que es posible la plena ocupación (pleno empleo) en una economía capitalista siguiendo las recetas comentadas anteriormente.

Para debatir todo esto utilizaremos la combinación de un análisis marxista1, anarquista y de la escuela radical americana2 para complementar la explicación. No es pues un salario alto lo que provoca paro como dicen los neoclásicos, sino una oferta de trabajo horizontal (rígida) a largo plazo, que marca el nivel de salarios (marcados) y siempre dependiendo de las posibilidades de inversión y beneficio de los empresarios. La estructura social basada precisamente en la propiedad privada de los medios de producción, el monopolio de contratación de esta oferta de trabajo, el control autoritario dentro las empresas y sectores productivos y la búsqueda del máximo beneficio por parte de los empresarios son los determinantes del nivel de ocupación y de salarios. Es, pues, la relación de fuerzas y el poder de los sindicatos dentro de la empresa los que pueden decantar el balance hacia los trabajadores haciendo que la empresa tenga que distribuir los beneficios con nuevas contrataciones y distribución de los beneficios incrementando salarios. Además, teniendo en cuenta que:

• Es incompatible la búsqueda del máximo beneficio con la búsqueda del máximo bienestar social y por tanto la plena ocupación y una distribución justa de la renta.
• A la patronal le interesa tener más demandantes de puestos de trabajo que no puestos ofertados (paro) para poder coaccionar a los trabajadores con la amenaza del despido.
• En última instancia, el aumento de la tecnología implica que en este esquema capitalista se vaya reduciendo la necesidad del factor trabajo. Teniendo en cuenta todo esto se puede afirmar que es mentira que el incremento de salarios sea el causante del paro, pues en última instancia son los empresarios quienes deciden cuántos trabajadores contratan y bajo qué condiciones, no dependiendo tanto del salario como del beneficio efectivo esperado. También es mentira que sea posible la plena ocupación en una economía capitalista, elemento que usan tanto neoclásicos como keynesianos como excusa para justificar el sistema capitalista.

Tanto la teoría neoclásica como la keynesiana son defensoras del sistema capitalista actual como mínimo en el aspecto laboral3 pues no ponen en cuestión ni la distribución de la renta ni la propiedad de los medios de producción.

Salario real y salario efectivo. 

Llamamos salario real al salario que perciben los trabajadores descontando la inflación o IPC (incremento generalizado de precios). Por ejemplo, si un año los salarios suben un 2% pero la inflación lo hace un 4%, nuestro salario disminuye en un 2%. Además, teniendo en cuenta que la inflación real es más elevada que los datos que las administraciones ofrecen (porque no se incluye la vivienda en el cálculo, y porque hay zonas en el estado español que tienen una inflación más alta que otras, entre otros motivos), podemos asegurar que las proporciones dadas de salario real pueden ser menores. En todo caso podemos ver en el gráfico 1, cómo el salario real en el estado español ha bajado con datos de 2001 al nivel de 1978. Los trabajadores, de media, estamos cobrando lo mismo ahora que hace casi 30 años mientras las empresas ganan más que hace 30 años. Otro aspecto a valorar sería que las empresas ganan más y que la clase trabajadora ha perdido más, pues no es un todo homogéneo aunque es una realidad general. Pero no es sólo el salario real el dato que nos indica la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, pues desde una perspectiva anticapitalista un indicador importante es el salario relativo, que no es nada más que la parte de la renta nacional total (PIB) que se distribuye como salario (conocido como RA, Remuneración de Asalariados).

Huelgas y distribución de la renta en el estado español (1976-1999).
 
En este punto podemos observar en los gráficos 2 y 3 cómo el número de huelgas ha bajado en los últimos años. Lo que nos da un dato más significativo es el gráfico de las jornadas perdidas en conflictos laborales que desde la transición ha disminuido espectacularmente, cosa que significa que las huelgas llevadas a cabo han incidido bien poco en parar la actividad económica de las empresas. Por otro lado, se plantea una cierta relación entre el incremento de las huelgas y las jornadas perdidas a principios de los 90, a pesar de la crisis económica que se dio, y la recuperación monetaria del salario real en el mismo periodo. Con relación a la distribución de la renta hablaremos del fenómeno de la proletarización (Prol), que es el incremento de parte de asalariados más los parados en la población activa (PA). Según datos de Diego Guerrero4, la fracción de proletarios ha pasado de poco más del 50% en 1954 a superar el 80% en 2001. Por el contrario, los no asalariados han pasado del 48% a menos del 20% en el mismo período. Esto se puede explicar debido a la vuelta de trabajadores exiliados por motivos económicos, así como a la necesidad para las familias de la incorporación de la mujer en el mercado laboral, a la inmigración de los trabajadores llegados de otros países, a la destrucción de empresas familiares y a pesar del incremento en los últimos años de los autónomos y falsos autónomos (trabajadores obligados a hacerse autónomos por los propios empresarios y que la contabilidad del estado los contabiliza como empresarios).

Siguiendo al mismo autor5, podemos ver que la distribución de la renta entre la remuneración de los asalariados y producción o renta total (RA/PIB), o lo que es lo mismo, entre los beneficios empresariales y renta total (1-a), se ha mantenido alrededor del 50% entre 1964 y 1999. La época de la transición estuvo caracterizada por la lucha social, donde la distribución de la renta llega al 59% a favor de los trabajadores. Sin embargo, si nos fijamos bien, encontramos simplemente que la situación relativa de los asalariados ha empeorado tan deprisa que de 1965 a 1999 su participación corregida en la renta se ha reducido tres veces más que la que corresponde a los no asalariados. La remuneración de los asalariados (RA) en el PIB sólo ha aumentado un punto en 35 años (2% en términos porcentuales), pero como su parte en la población activa ha crecido un 40%, esto significa que la distribución real de la renta en favor de los asalariados ha disminuido un 27 % (descenso del coeficiente de depauperación de 0,84 a 0,61). Por otro lado, los no asalariados han disminuido su parte del PIB en un 2 %, esto es, que su renta adaptada a la nueva situación ha subido un 125,5% (su coeficiente de enriquecimiento ha subido de 1,23 a 2,77). Por tanto, si se toma el coeficiente de ambas rentas corregidas con la nueva composición de clases, vemos cómo los no asalariados multiplican exactamente por 3,09 su renta respecto a los asalariados.

Es decir, año tras año el pastel es más grande (incrementa el PIB) y los capitalistas se llevan cada vez un trozo más grande (disminuyen capitalistas y aumentan asalariados manteniendo relativamente constante la distribución de la renta), mientras que los trabajadores se quedan con el mismo trozo (que se tiene que repartir entre más trabajadores). Estos datos dan una idea de por qué hace unos años una familia trabajadora podía vivir con un sueldo cuando hoy es difícil hacerlo con dos.Este análisis de la distribución no tiene en cuenta las transferencias del Estado a los trabajadores y empresas. Sólo hay que retener un dato: el 80 % de los impuestos en España, tanto directos como indirectos (IVA), los pagan los trabajadores. Es así como la estructura clasista del estado capitalista favorece cada vez más la acumulación de beneficios a costa del esfuerzo de los trabajadores, ya que ni siquiera la clase capitalista (que es la que más gana) paga la mayoría de los impuestos.

Conclusiones.

Según un informe elaborado desde hace 10 años por Merrill Lynch y Cap Gemini, en el año 2002 había 110.000 personas en España con activos líquidos por un valor superior a un millón de dólares (850.557 euros). Esto es 5.000 personas más que en 2001. España continúa con la tendencia de crecimiento de ricos que se registra en toda Europa. Haciendo un análisis general, se puede encontrar una relación bastante directa entre6:

• La disminución de las huelgas desde la transición y la disminución de salario real.
• El incremento de la riqueza de los no asalariados (producida por los asalariados) en proporciones más grandes en cuanto la lucha obrera es menor. Esto no implica que a pesar de convocar huelgas y luchar, los capitalistas tengan capacidad de continuar acumulando y recortando la riqueza generada por los trabajadores.

La huelga es una herramienta necesaria e imprescindible para redistribuir la renta. El incremento de los salarios y de la renta en favor de los trabajadores no son los responsables del paro, si no que lo son las empresas cuando ni siquiera contratan trabajadores que les permiten obtener el máximo de beneficio, y en última instancia el sistema capitalista y el estado que fomenta este monopolio de contratación y de propiedad para mantener un control sobre la clase trabajadora.

En relación con la disminución de las huelgas, los principales culpables son los sindicatos mayoritarios CC.OO. y UGT, ya que han adoptado siempre la postura de «paz social capitalista» y han conseguido, como es deseo de la patronal, desmovilizar el movimiento obrero. CC.OO. y UGT han favorecido un incremento espectacular de los beneficios empresariales en contra de la mayoría de los trabajadores y de sus propios afiliados, ya sea mediante reformas laborales firmadas en contra de las posturas de sindicatos como la CNT o a través de la firma de despidos, paralización de huelgas etc. Es necesario organizarse en un sindicato que lucha por los trabajadores y trabajadoras y esto no se logra con la mera afiliación en los sindicatos de la CNT. La organización real se da con la formación (individual y colectiva), con el estudio, la planificación de las acciones, sean éstas huelguistas o no. Y todo esto tiene que estar encaminado a la lucha contundente contra el esquema corrupto y terrorista del sistema capitalista. Sólo con la organización hay posibilidades de hacer frente a un monstruo que día a día nos chupa más la sangre. De la misma manera, sólo con el control y la gestión directa de nuestros asuntos, (también de los económicos) se podrá establecer una sociedad totalmente justa y libre. La huelga es el primer paso.



*Lluís Rodríguez Algans es estudiante de economía e integrante de la redacción de la sección de economía del periódico cnt. Este artículo apareció publicado originalmente en catalán en el número 328 de solidaridad obrera

Periódico cnt, nº341 de Enero 2008. ISSN 1135-173X. pp 11-12.

http://archivo-periodico.cnt.es/341ene2008/index.html

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