martes, 3 de octubre de 2017

Sindicalismo de contrapoder y autogestión

Reproduzco a continuación el artículo publicado en el blog Radicales Libres del Diario Público.



Asimismo ha sido reproducido en Gune Ekosozialista , Viento Sur , Rebelion



Una de las cuestiones que creo suscita más interés en el debate de la renovación sindical, se refiere a la mirada respecto la capacidad de las organizaciones sindicales de favorecer el cambio socioeconómico. El sindicalismo puede y debe influir en la determinación de las políticas económicas, industriales y laborales, a la vez que puede y debe promover procesos de democratización en las empresas y la economía como parte de esa lucha de clases, de esa lucha de poder entre el trabajo y el capital o su eslabón dirigente, por el control de los medios de producción y la distribución de los excedentes económicos. Asimismo, esa lucha puede y debe permitir avanzar en los pasos necesarios para la transformación del modelo económico capitalista imperante en otro socialista autogestionario que sea más eficiente, justo y democrático.


En esa clave, vale la pena mirar los puntos en común entre el sindicalismo, la economía social y la orientación de cambio económico autogestionario que ambos instrumentos y movimientos pueden promover.

El sindicalismo puede y debe influir en la determinación de las políticas económicas, industriales y laborales, a la vez que puede y debe promover procesos de democratización en las empresas y la economía

El análisis de las interrelaciones entre sindicalismo y economía social debe empezar por remarcar la importancia de la economía social a la hora de prefigurar la economía que necesitamos la clase trabajadora a la vez que de establecer esas alternativas hoy mismo. Una transformación real y profunda del sistema económico capitalista por otro autogestionario necesariamente pasará por el impulso de muchas experiencias concretas y la integración de las mismas sustentadas en experiencias previas de cooperativismo y economía social [1].


Más allá de los grandes relatos, el cooperativismo y  la economía social en relación al movimiento sindical, ha sido una forma de generar autoocupación, ya sea en contextos de crisis empresarial con despido colectivo o cierre de empresa, ya sea en contextos de desempleo masivo dónde la patronal castiga la militancia sindical y la autoocupación se torna como alternativa imprescindible.


Asimismo la economía social se puede orientar a apoyar luchas sindicales, cómo el caso de la cooperativa de finanzas Coop57 ejerciendo como caja de resistencia para la huelga [2] en apoyo, entre otros, del conflicto de las empresas subcontratadas por Telefónica, un conflicto con una acción sindical diferente a la habitual tanto por los actores cómo los contenidos reivindicativos y los métodos de lucha [3]


A la inversa, el sindicalismo es clave para la economía social al sostener unos valores y prácticas que hacen de contrapeso a la dinámica que se genera por su inserción en una economía capitalista: la negociación colectiva de referencia permite una guía de mínimos en lo concreto de las relaciones laborales y condiciones de empleo en la economía social. Sucede lo mismo con la disputa por el salario social, indirecto -sanidad, educación- y diferido -pensiones, subsidio de desempleo, etc.- que afecta a toda la clase trabajadora incluidas cooperativistas o participantes de la economía social. El sindicalismo cómo organización de masas incide en ese ámbito en apoyo a las redes de economía social y transformadora.


Por último, desde una perspectiva de transformación social no todas las empresas pueden ser cooperativizadas o transformadas en modelos de economía social a corto plazo (por su tamaño, por las relaciones de poder social interno o de mercado externo imperantes, etc.), por lo que se requiere de un fuerte sindicalismo de contrapoder con capacidad de ejercer un control sindical y económico en toda la estructura empresarial y productiva para reorientar el modelo económico y social.


lunes, 11 de septiembre de 2017

Autogestión y sindicalismo de contrapoder


El análisis de las interrelaciones entre sindicalismo y economía social y cooperativa debe empezar por remarcar la importancia de la economía social a la hora de prefigurar la economía que necesita la clase trabajadora, y a la vez tiene que establecer alternativas hoy mismo. Una transformación del sistema económico necesariamente pasará por el impulso de muchas experiencias concretas y la integración de las mismas que se sustentarán en modelos de cooperativismo y economía social. 


El cooperativismo y la economía social son también formas de generar autoocupación, sea en contextos de crisis empresarial, que en el marco del conflicto capital/trabajo puede desembocar en un cierre de empresas, sea en contextos de desempleo masivo en que la patronal castiga a la militancia sindical y la autoocupación se torna una alternativa imprescindible. 

Asimismo, la economía social se puede orientar a apoyar luchas sindicales, cómo el caso de la cooperativa de finanzas Coop57 ejerciendo como caja de resistencia en apoyo al conflicto de las empresas subcontratadas por Telefónicaen Bizkaia en 2015. 

Por otra parte, el sindicalismo es clave para la economía social al sostener valores y prácticas que no deben abandonarse pese a la dinámica que se genera por la inserción en una economía capitalista: la negociación colectiva de referencia permite una guía de mínimos en lo concreto de las relaciones laborales y condiciones de empleo en la economía social. Sucede lo mismo con la disputa por el salario social, indirecto -sanidad, educación- y diferido -pensiones, subsidio de desempleo, etc.-, que afecta a toda la clase trabajadora incluidas cooperativistas o participantes de la economía social. El sindicalismo como organización de masas incide en ese ámbito en apoyo a las redes de economía social y transformadora. 

Por último, desde una perspectiva de transformación social no todas las empresas pueden ser cooperativizadas o transformadas en modelos de economía social a corto plazo (por su tamaño, por las relaciones de poder social interno o de mercado externo imperantes, etc.), por lo que se requiere de un fuerte sindicalismo de contrapoder con capacidad de ejercer un control sindical y económico en las empresas capitalistas para orientarse a otro modelo económico y social.

 

Del sindicalismo de contrapoder a la economía social
 
La acción sindical cotidiana, la de las secciones sindicales en los procesos de negociación colectiva, tiene muchos de los valores y fundamentos de la economía social y cooperativa. Los procesos de militancia sindical orientados a la expansión de derechos sociolaborales se cimientan en una adecuada recopilación de información económico-financiera, productiva y laboral de las empresas para sustentar los procesos negociadores, en una colectivización entre las plantillas de las reivindicaciones dirigidas a los empresarios y la patronal, así como en la articulación de fórmulas solidarias de acción colectiva y huelga indefinida con apoyo de caja de resistencia que es, sin lugar a dudas, un mecanismo financiero colectivo de solidaridad sindical. Ese poder sindical,como herramienta democratizadora de una empresa o sector, es la antesala a modelos de economía social y democracia económica. 

Esto, si cabe, es más evidente en procesos de reestructuración y crisis empresarial en que la recuperación de empresas para su posterior laboralización o cooperativización se torna una acción estratégica imprescindible para defender las condiciones y el nivel de empleo así como la estructura industrial del país, precisamente cuando los poderes político y económico están promoviendo todo lo contrario. Ahí la práctica sindical previa es imprescindible para acometer con garantías dichas experiencias. Parte de esa oposición y asesoramiento sindical y de los economistas de sindicatos de alternativas en procesos de reestructuración empresarial se circunscribe a la búsqueda y evaluación de las condiciones de viabilidad de inversores industriales frente a los financiero-especulativos que permitan recapitalizar las empresas en crisis para mantener o relanzar la producción, o alternativamente promover la transformación en empresas de economía social como sociedades laborales o cooperativas. La cuestión no tiene solo una dimensión micro, sino también macro, de modelo social y económico.
 
Del contrapoder sindical a la autogestión económica
 
¿Cómo puede el sindicalismo ayudar a construir otro modelo económico y social? Sin duda el núcleo vertebrador de la acción sindical es la negociación colectiva. Dos ideas al respecto. 

Por un lado, es fundamental la orientación de la política sindical y los contenidos sustantivos de negociación colectiva hacia objetivos de política económica de altos salarios y pleno empleo. Las dos reivindicaciones clave del movimiento sindical vasco, como salario mínimo de 1200 euros mensuales y jornada laboral máxima de 35 horas semanales, deben integrarse para mejorar las condiciones de vida con la generación y reparto del empleo, además de devenir en mecanismo de política industrial. 

Por otro lado, la introducción de contenidos de negociación colectiva instrumentales de control sindical económico en las empresas y sectores, esto es, promover la democracia económica en las empresas capitalistas con ampliación de derechos de información, consulta y control sindical de los procesos productivos, de inversión y posterior generación de empleo. Esta mirada hacia los contenidos instrumentales de la negociación colectiva permite avanzar hacia una mayor capacidad de control de los procesos de inversión, producción y distribución. Asimismo un mayor control sindical de la producción y finanzas empresariales permite limitar el fraude económico, fiscal y a la seguridad social en los que incurren las empresas capitalistas, cuyos impactos sociales son demoledores tal como vienen exponiendo estudios realizados por expertos economistas desde la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) para Euskadi, representando alrededor del 17,4% del PIB de la comunidad.

Por otra parte, la participación sindical en aspectos de política económica, industrial o fiscal se ha venido canalizando históricamente en el denominado “diálogo social”, los procesos de “concertación social” entre sindicatos, patronales y gobiernos. Pero estos procesos han demostrado limitaciones en cuanto a una efectiva influencia sindical en dichas materias y contraindicaciones al dar aval sindical a políticas públicas neoliberales, unido a una dependencia financiera de los propios sindicatos que han entrado en este tipo de procesos de concertación. 

Algunas vías de intervención alternativas exploradas por el sindicalismo europeo pasan por incrementar la antedicha participación y control sindical de los procesos productivos, económicos y de inversión en empresas y sectores en la negociación colectiva, lo que supone sin duda un elemento configurador del poder en las relaciones laborales hacia una nueva democracia industrial con participación de las personas trabajadoras. 

Su aplicación en el Estado español puede pasar a corto plazo por esa ampliación de los derechos sindicales de información, consulta y participación, vía cambio legislativo o en la negociación colectiva, en materias contable, mercantil y económica, productiva, organizativa y laboral. En relación a la inversión, como variable clave por determinar el nivel de producción y empleo así cómo su orientación sectorial o de actividad, históricamente la propuesta de implantación de Fondos de Inversión de Asalariados ha sido una vía para influir, desde el sindicalismo, en este elemento de política industrial. 

En el ámbito vasco empiezan a elaborarse reflexiones en este sentido desde el EKAI Center, vinculando relaciones laborales, democracia económica y modelo de desarrollo, con el análisis de algunas experiencias europeas de relaciones laborales, inversiones, desarrollo tecnológico, asignación de ganancias y formación, abordando especialmente las relaciones laborales de empresa y el desarrollo económico

Euskal Herria tiene un privilegiado potencial, fraguado en décadas de luchas obreras y construcción de alternativas económicas con un asentado cooperativismo, para la configuración de un potente marco autónomo de economía autogestionaria y lucha de clases. En el marco de esa confrontación por el desacuerdo con el funcionamiento del sistema capitalista y como expresión de la conciencia colectiva de la clase trabajadora vasca, es imprescindible dirigirse a una sociedad de personas y pueblos libres articulada mediante un socialismo en el que los medios de producción, de consumo y de cultura estén en manos y al servicio de las personas trabajadoras, en una auténtica democracia económica. Ello pasa necesariamente por que el movimiento obrero y sindical establezca fuerte conexión entre la acción sindical y los procesos dirigidos a la socialización de los medios de producción y consumo, además de una alianza permanente entre la economía social y el sindicalismo de contrapoder. 

En palabras del sindicalista irlandés James Connolly, en un artículo de 1908 titulado Sindicalismo industrial y socialismo constructivo,“[…]a la vez que incrementa el poder de resistencia del trabajador contra los abusos actuales de la clase capitalista, lo familiariza con la idea de que el sindicato que contribuye a construir está destinado a suplantar aquella clase en el control de la industria dónde trabaja”.

sábado, 18 de febrero de 2017

Taula rodona: Economia social i cooperativa. “Avui com Ahir (1936-1939), construïm Poder Popular”










Moltes no oblidem aquell juliol de 1936 en el que una fracció de l’exèrcit, defensora dels interessos del feixisme nacional espanyol, de les classes benestants i de les elits de l’Església catòlica es va aixecar en armes contra el poble treballador i el Govern de la II República.
 
Començant pel sud de la península, els colpistes van prendre diverses ciutats i pobles amb la intenció de dur a terme un cop d’estat ràpid que reinstaurés l'”ordre nacional” i eliminés les conquestes socials del poble.

En molts territoris i ciutats el poble organitzat a través de sindicats, comitès de barri, organitzacions de dones, organitzacions polítiques.. va plantar cara als colpistes, sufocant temporalment el cop i iniciant, des d’aquell moment, un període de control popular i democràtic de l’economia i la política. Al mateix temps es lliurava una guerra oberta contra el feixisme en el front. Aquest procés revolucionari, que serveix encara avui com a referent per als pobles del món, va tenir un especial desenvolupament a Catalunya fruit de la seva experiència històrica de conformació de potents organitzacions populars (especialment, la CNT).

Ara bé, ni la insurrecció popular que va sufocar el cop d’estat militar, ni la posterior gestió de l’economia en mans dels treballadors i treballadores hagués estat possible sense el treball que les classes populars, de forma constant, havien estat duent a terme desde feia decàdes. Treball de formiga, però arrelat a la vida quotidiana, que va crear organitzacions (sindicats, cooperatives, escoles, xarxes de suport mutu,etc.) i va afrontar lluites sindicals i socials mitjançant les quals construir un poble fort i empoderat. Res d’allò hauria estat possible sense organització, lluita, estratègia, suport mutu i la concepció del poble com a subjecte actiu i en lluita.

Han passat gairebé 81 anys des del cop d’estat franquista i 40 des de la falsa transició que va mantenir i manté a les mateixes famílies e interessos en les altes instàncies dels poders empresarial, polític, judicial, militar, mediàtic..

Canvi de paradigma (de la dictadura a la democràcia) sense canvi de règim ni de sistema.

Avui, vivim una crisi sistèmica i un període de convulsions socials a escala mundial. Una crisi que empitjora dia rere dia les condicions de vida de les classes populars però que al mateix temps ha obert escletxes en la legitimitat del sistema econòmic i polític dominant.

A principis d’aquesta dècada vam viure un període on les lluites populars van poder expandir-se i avançar i recentment estem podent certificar els límits de “l’ assalt a les institucions” com a via per defensar els interessos de les classes populars i transformar la realitat.

Opinem doncs que, davant aquest escenari i avui més que mai, és necessari propiciar espais de trobada, entre aquells moviments socials que hem anat desenvolupant en les darreres dècades, que ens permetin el pas de la dispersió organitzativa vers una concepció de Moviment Popular.

Si bé creiem que hem de seguir enfortint i augmentant la densitat de les organitzacions de base (sindicats, associacions veïnals, ampas, moviments estudiantils, plataformes…) és igualment imprescindible que tota aquesta diversitat de moviments trobem la manera de bastir certa unitat d’anàlisi, d’estratègia, d’acció i mobilització si volem convertir-nos en un subjecte polític fort i capaç de forçar canvis substancials en la conquesta de drets, llibertats, sobiranies, autogestió… i milllorar les nostres condicions de vida.

És en aquest context i amb aquesta visió de fons, que des de fa alguns mesos treballem en les jornades que presentàvem fa unes setmanes i que, com vam anunciar, tindran lloc a l’Auditori de Can Batlló.

El divendres 17 de febrer, a les 18:30 h, repassarem alguns dels aspectes històrics més rellevants de la revolució social del 1936.

El dissabte 18 de febrer, al llarg de tota la jornada, quatre taules rodones temàtiques, en les quals participaran membres de moviments sindicals, comunitaris, feministes… i que repartirem de la següent forma:
  • De 10 a 12h, Precarietat laboral, social i econòmica i sindicalisme.
  • De 12 a 14 h, Economia social.
  • De 16 a 18 h, Feminismes
  • De 18 a 20 h, Lluites i organització als barris i localitats.
L’objectiu és que les taules rodones serveixin com a espai de posada en comú i trobada per debatre l’estat actual de la nostra lluita en cadascun dels Fronts i mirar de trobar línies de treball per enfortir-nos.

Per això, convidem a aquelles persones que participen en els moviments populars d’arreu del país a participar d’aquestes jornades per tal d’aportar la seva visió entorn a l’estat actual i en la definició de les possibles línies de millora i construcció del Moviment Popular de totes.

lunes, 16 de enero de 2017

Sindicalismo y socialismo


¿Cómo puede el sindicalismo ayudar a construir otro modelo social? Sin duda el núcleo vertebrador de la acción sindical es la negociación colectiva. Dos ideas al respecto. Por un lado, la orientación de la política sindical y los contenidos sustantivos de negociación colectiva hacia objetivos de política económica de altos salarios y pleno empleo. Las dos reivindicaciones clave del movimiento sindical vasco cómo salario mínimo de 1.200 euros mensuales y jornada laboral máxima de 35 horas semanales, deben integrarse para mejorar las condiciones de vida con la generación y reparto del empleo. Por otro lado la introducción de contenidos de negociación colectiva instrumentales de control sindical económico en las empresas y sectores, esto es, promover la democracia económica en las empresas capitalistas con ampliación de derechos de información, consulta y control sindical de los procesos productivos, de inversión y posterior generación de empleo. Esta mirada hacia los contenidos instrumentales de la negociación colectiva permite avanzar hacia mayor capacidad de control de los procesos de inversión, producción y distribución. Asimismo un mayor control sindical de la producción y finanzas empresariales permite limitar el fraude económico, fiscal y a la seguridad social en el que incurren las empresas capitalistas cuyos impactos sociales son demoledores tal como vienen exponiendo estudios realizados por expertos economistas desde la UPV/EHU para Euskadi.


La acción sindical cotidiana, la de las secciones sindicales en los procesos de negociación colectiva, tiene mucho de los valores y fundamentos de la economía social y del socialismo autogestionario necesario para el S.XXI. Los procesos de militancia sindical orientados a la expansión de derechos se cimientan en una adecuada recopilación de información económico-financiera, productiva y laboral de las empresas para sustentar los procesos negociadores, en una colectivización entre las plantillas de las reivindicaciones dirigidas a los empresarios y la patronal, así como en la articulación de fórmulas solidarias de acción colectiva y huelga indefinida con apoyo de caja de resistencia que es sin lugar a dudas un mecanismo financiero colectivo de solidaridad sindical. Ese poder sindical como herramienta democratizadora de una empresa o sector, es la antesala a modelos de economía social y democracia económica. Esto si cabe es más evidente en procesos de reestructuración y crisis empresarial dónde la recuperación de empresas para su posterior laboralización o cooperativización se torna cómo acción estratégica imprescindible para defender las condiciones y nivel de empleo así como la estructura industrial del país, precisamente cuando los poderes político y económico están promoviendo todo lo contrario. Ahí la práctica sindical previa es imprescindible para acometer con garantías dichas experiencias.


Euskal Herria tiene un privilegiado potencial, fraguado en décadas de luchas obreras y construcción de alternativas económicas, para la configuración de un potente marco autónomo de economía autogestionaria y lucha de clases. En el marco de esa confrontación por el desacuerdo total con los mecanismos capitalistas y como expresión de la conciencia colectiva de la clase trabajadora vasca, es imprescindible dirigirse a una sociedad de personas y pueblos libres y responsables realizable en un socialismo en el que los medios de producción, de consumo y de cultura, estén en manos y al servicio de las personas trabajadoras, en una auténtica democracia económica. Ello pasa necesariamente por qué el movimiento obrero y sindical establezca fuerte conexión entre acción sindical y los procesos dirigidos a la socialización de los medios de producción y consumo, además de una alianza permanente entre la economía social y el sindicalismo de contrapoder. En palabras del sindicalista irlandés James Connolly en un artículo de 1908 titulado “Sindicalismo industrial y socialismo constructivo”… a la vez que incrementa el poder de resistencia del trabajador contra los abusos actuales de la clase capitalista, lo familiariza con la idea de qué el sindicato que contribuye a construir está destinado a suplantar aquella clase en el control de la industria dónde trabaja.